domingo, 6 de octubre de 2013

El misántropo

Brueghel. El misántropo


Huraño, vestido de tinieblas. 
El misántropo se aburre. 
Estudio todos los métodos, leyó a todos los libros, aprendió costura, cocina, caligrafía y canto gregoriano.
El misántropo se aburre
Mira receloso por la mirilla. Imagina otros mundos tras el umbral.
Enfundado en su batamanta, el misántropo sale a la calle. Elige mal día. Es verano. Hace calor.
Su retina se llena de imágenes nuevas. Sus naricillas de aire fresco y olores limpios.
El misántropo en libertad.
Embriagado por el espacio infinito, corre, salta, grita, baila. Saluda a todo el que pasa a su lado. Se lanza a sus brazos.
Todos huyen.
Recuerda entonces porqué un día se volvió huraño. El rechazo, la burla, aquel rincón del patio.
Recoge sus sonrisas y vuelve a casa.
Cuando llega, se da cuenta de que se dejó las llaves. No puede entrar. Sumido en la angustia se deshace en lamentos.
Al día siguiente, la limpiadora encontró junto a la puerta una enorme manta y un puñadito de pasas sultanas.

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