martes, 27 de enero de 2009

mon jardin d'hiver

Mudé de piel mil veces, reinventando mis coordenadas en busca de un horizonte claro. Reconocí mis fallos, mis vicios, mis manías, mis desgracias. Me sumergí en lo más profundo del lodazal y encontré una burbuja de aire limpio, intacto, puro, en lo más sucio y negro de la condición humana. Llené mis pulmones, tomé impulso y luché por subir arriba, por emerger, mientras medusas y gárgolas sujetaban mis pies. Escuché el canto de las sirenas que me atraían a su orilla, pero supe cerrar mis oídos y tararearme una nana, una que me reconfortara y me diera fuerzas, como un mantra espiritual.

Y, así, llegué. Me limpié de barro y algas, aclaré mis cabellos, cambié mis ropas y me pinté los ojos. Vi la luz que antes no llegaba a mi ventana. Y había colores, flores, abrazos y un edredón para cobijarme.

Encontré mi jardín de las delicias dentro de mí, a mi alrededor, en los otros. Y supe que siempre estuvo ahí.

miércoles, 21 de enero de 2009

3 000 000

Qué bien llegar la comedor y encontarse que hoy es el día mundial del colesterol y que, por mucho que se resista, el plato no bajará de las 50.000 calorías de grasas saturadas de proveniencia insospechada. Así que te lanzas a lo prohibido y decides disfrutar por un día, porque claro, solo será hoy, mañana acelguita rehogada.
Qué bien sienta decidir una tarde no ir al gimnasio, sentarse en el sofá, encender la tele, poner el canal donde más morralla haya y beberse un vinito a la salud de la famosa de turno que aparece en pantalla.
Qué bien sienta no tener que madrugar un día entre semana. Sales a la calle a media mañana y te sientes extraña. Solo ves jubilados y señoras con carros de la compra. ¿Dónde está el resto de la humanidad?, ¿qué ha pasado en el mundo?
Qué bien sienta también tirarse una hora intentando hacer el solitario de windows, ese que nunca sale. Nunca se sabe...
Caprichos apetecibles por prohibidos o imposibles en nuestra rutina. ¡Benditos sean mientras se presenten pocas veces!

Imagina no tener dónde ir a trabajar; levantarte cada mañana con la angustia de no saber qué harás , pues no has elegido ese tiempo libre, sino que se te ha impuesto. Imagina comer cada día congelados de oferta, ver telebasura para llenar tus horas, matar el tiempo como una condena.
Imagina tener una vida hecha de restos.

Qué bien poder elegir mis rutinas,soprenderme cuando me sacan de ellas. Qué bien no ser uno de los 3 000 000

lunes, 19 de enero de 2009

Buen rollito



Un día decides plantarte y comenzar tu buen rollito.
Nada de pajas mentales, de filosofía barata ni finales novelescos: las cosas son como son y punto.
Fíjate por donde, ese mismo día reparas en los colores de tu ciudad, en las caras de los peatones, en los timbres de voz. Todo lo que había permanecido hibernado sale a la superficie, se te revela.
Te ríes de tus estupideces pasadas y de las de los demás, pues quedan muchos, ahí fuera, que no han abierto los ojos, que han visto sin mirar.

No pretendáis taparme los ojos, no soy yo la que lleva una venda.

miércoles, 14 de enero de 2009

Un segundo antes

Un segundo antes de que todo acabe, cerraré los ojos
y traeré hacia mí el más valioso de mis recuerdos.
Aquel que nadie manchó, que fue puro y mío.
El que nadie me impuso,el que fue un impulso.
Contemplaré lo que me destruirá y lo admiraré.
Por ser capaz de terminar lo que un dia vio nacer.

lunes, 12 de enero de 2009

¿Hipócrates era un hipócrita?

No hace mucho me regalaron una máquina para etiquetar. Pensé en las cosas a las que les podría poner nombre, pero, en parte, me pareció inútil, porque si ya se cómo se llaman, no necesito identificarlas.
Sin embargo, me gustaría tener un aparato que identificase aquello que no sé lo que es. Así, frente a un cacharro extraño, la maquinita me diría si es una silla de diseño, un pintxo de sugus o un abrigo de entretiempo. Todo ello, cosas inservibles o inútiles.
Lo peor viene cuando te encuentras con personas ya etiquetadas de antemano. Vease el recurente caso del identificativo "amigo". Un cartel muy fácil de poner - o ponerse- pero que pocas veces es real. Si voy a facebook, me dicen que tengo casi 200 de ellos, aunque a algunos haga siglos que no veo o prácticamente no hablo con ellos. Otras veces me encuentro con seres extraños que enarbolan el estardante de la amistad. Un trofeo que no sé ni quién ni cuándo obtuvieron, pero que ahí está, cual arma arrojadiza para conseguir y reclamar. Por desgracia, cuando quieres privar a alguien de dicho honor, la etiqueta se resiste a salir y tienes que cargar con un fulano impertinente adobado a tu costilla.

Con todo ello, a veces, me pregunto si la amistad es sinónimo de hipocresía. Por suerte, aún me quedas tú...

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Discurso bloguero


A mis 500 visitantes y a los futuros o despistados:

Gracias por las cosas bonitas que me decís, por animarme a continuar, por aguantarme.

Sois la razón por la que , a veces, me inspiro.

Venga, sin más dilación, ahí va.

JOYEUX NÖEL À TOUS!!!!!!!!!!!!!!

lunes, 15 de diciembre de 2008

La princesa sin nombre. Parte II

Lo tenía muy claro: iría a la gran ciudad. Se había criado en un hermoso valle rodeada de lagos y bosques, pero demasiado tranquilo para su gusto. Siempre había soñado con el bullicio de las avenidas, con gente paseando por bulevares. Eso, gente; caras nuevas y desconocidas que la acogerían como a una más y si, la llamarían por su nombre, por un nombre propio.
Después de varias horas al volante, la princesa llegó a Mogollonópolis, urbe entre las urbes, capital del mundo mundial, de la que se decía tenía tantos habitantes como granos de arroz en una paella: vamos, muchos y revueltos. De todas las posibilidades que entrañaba la ciudad, había una que le atraía sobre todas: La gran biblioteca. En ella se albergaban todos los libros jamás escritos en todas las lenguas conocidas e incluso desconocidas. Tratados, legados, tebeos, manuscritos, poemas de amor, farsas y sainetes, diccionarios y glosarios. Todos a su alcance. Y, en especial, uno: el libro mágico. Cuando era pequeña, Beffana Giubiana, su hada madrina, le contó la historia del libro que respondía a todas las preguntas; un libro que todo lo sabía y que nada ignoraba.
La princesa estaba seguro de que aquel libro sabría responder a su pregunta: sabría cómo se llamaba.

domingo, 14 de diciembre de 2008

La princesa sin nombre. Parte I

I

Érase una vez, en un reino no muy lejano, una princesa hermosa y primorosa, como todas las princesas, pero que no era feliz, ya que sobre ella había caído una terrible desgracia: no tenía nombre.
Su padre, el rey Sinforoso, siempre andaba metido en finanzas; que si ahora expropio unos terrenos, que si después lanzo una opa hostil… Su madre, la reina Sinsorga, era una mujer culta y aficionada a la música, que solo vivía para escuchar a su coro de castrati y componer zarzuelas. Como la princesa no poseía una dulce voz, su madre se había desentendido de ella, desencantada por no tener una hija con ínfulas de mezzosoprano. Entre batallas y operetas, los reyes no habían tenido tiempo para buscarle un nombre a la muchachita; uno digno de una princesa de sangre real.
A falta de nombre, había desarrollado otras bellas cualidades: sabía conducir coches de carreras, hacer bizcochos de ajonjolí, recitar versos alejandrinos y manejar cualquier programa informático. Por todo esto, y porque era una chica lista, pero que muy lista, se aburría como una ostra en aquel palacio tan solitario en el que nadie se acordaba de ella.
Soñaba con conocer mundo, viajar, hacer amigos y, sobre todo, con encontrar un nombre para que la pudieran llamar.
Así, un día, cogió su maleta de Luis Truitón y se marchó sin más, pues nadie se percató de su partida. Había llegado la hora de escribir su propio cuento.

jueves, 4 de diciembre de 2008

Cuentacuentos

Cada mañana, al despertar, comienza un nueva historia. Un protagonista, un escenario: Nada más. E l resto hay que ir escribiéndolo.
Al mirarte en el espejo del baño verás lo que quieres ser: héroe o villano, víctima o salvador, amante o enamorado, protagonista o secundario.
Al salir a la calle, cada paso que se da marca el rumbo del relato: ¿obrarás bien o mal?, ¿ vivirás aventuras o sufrirás penalidades?, ¿Actuarás o solo contemplarás la escena?
Para escribir este cuento, tu cuento, no hacen falta ni lápices ni teclados; ningún árbol sacrificará sus hojas. Solo necesitas ilusión, voluntad, feurza, determinación y alegría.
Cada mañana, al despertar, tienes una historia por contar; una historia que solo tú puedes narrar: la tuya.

martes, 2 de diciembre de 2008

Princesa

Me piden que me invente una princesa. Un nombre, un reino, un escudo. Una princesa que toca un instrumento, que baila una danza típica, que habla un idioma concreto. Me piden que cree un mundo a la medida de alguien que no existe.
Si yo fuera princesa no viviría en los libros, preferiría que me contasen juglares y trovadores por plazas y mercados, que acompañaran mis aventuras con el sonido de un laud o una pandereta.
Tendría un nombre rimbombante, como "Princesa Abadesa, la de la boca de fresa" o "Princesa Valentina, toda mona y fina".
Mi reino estaría cerquita, nada de tierras lejanas, una región visitable y turística para que mis vasallos tuvieran trabajo. Viviría en el condado de la rosquilla de anís, o en el ducado del chocolate amargo.
Como escudo, una gran hogaza de pan con lacitos y gominolas; como instrumento, un pianocóctel que preparase bebidas según la melodía que sonase; como baile, un rock mestizo y criollo que me hiciera flotar; como lengua, aquella que subiera todos los peldaños de la torre de Babel.Si yo fuera es princesa, no me quedaría en el torreón, ni llevaría largas trenzas. Galoparía en un hermoso corcel por los prados junto a mi príncipe, que ni sería azul ni encantado. De hecho, no sería príncipe, sino campesino y escribano, guerrero y cocinero, trovador y escudero.
Si yo fuera princesa, escribiría mi propio cuento